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AUTOOLVIDO Y OTROS MALTRATOS

30-06-2017 (348 visitas) | estupendamente.si

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Renunciar a las propias necesidades es una trampa mortal a la que infinidad de mujeres sucumben mientras persiguen el AMOR. Incluso cuando creen haberlo encontrado

El amor es entrega, empezamos diciéndonos. Y en ese punto, empiezas una camino de renuncias, pequeñas, diarias, cotidianas y aparentemente insignificantes que desembocan en un mar de autoolvido en el que la insatisfacción es el sabor de cada mañana.

Cuando una mujer con unos estudios, con una carrera, con un trabajo cree haber alcanzado los logros que la definirían como la mujer que todos esperaban. Cuando empieza a familiarizarse con la sensación de éxito, de confianza en sí misma, cuando su autoimagen comienza a mostrarse con nitidez, llegan las demandas sociales o familiares. ¿Hija, cuando vas a encontrar un hombre? ¿Vas a venir a la boda, sin pareja?

De nuevo, la sociedad te hace ver que no eres lo suficiente por ti misma, ahora se espera que encuentres pareja, que te cases o formes una familia.

Y de nuevo, vuelves a verte a ti misma como si te faltara algo, y la angustia vuelve a tu vida, nada de lo que has conseguido por ti misma y para ti misma, vale mucho, porque no tienes amor.

Una pareja no se encarga en Amazon, hay que invertir tiempo en lucir atractiva, embutirse en ropa deportiva y modelar un cuerpo de Lara Croft, salir de caza nocturna ataviada de Morticia Adams, iniciando un casting en el que una misma es la candidata y la seleccionadora, en una dicotomía esquizoide , “parece que me está mirando /valiente mendrugo”.

La tortura del “dijo que me llamaría/ habrá perdido el numero?” que puede prolongarse semanas, en la que el autoolvido comienza a cristalizar, dando al traste con años de logros académicos, de informes brillantes, de haber realizado con éxito todo aquello que te han pedido para demostrar tu competencia.

Cundo por fin algún seleccionador nos llama y nos da el puesto, solo entonces iniciamos el proceso de cribado, en la segunda cita comparamos el perfil que aprobarían nuestras amigas/familia con la persona que tenemos delante, y casi nunca coincide…. Entrando en la siguiente decisión/etapa del proceso: ¿volvemos a empezar???? o … “no esta tan mal! Todos tenemos defectillos. No puedo esperar eternamente al príncipe azul… “

Sale nuestro lado pragmático y de nuevo autoolvidamos lo que buscamos en una pareja y nos conformamos con el menos malo, porque… que sabremos nosotras?

Sí, es maravilloso el efecto del amor, del placer, del logro en nuestro cerebro, las mariposas en el estómago, los pies que te elevan del suelo, todo es color de rosa, pero tampoco nos damos mucho tiempo para disfrutar de esas sensaciones,

Cuando por fin, tenemos pareja, ahora, te recuerda tu hermana que se está separando, nuestra misión es conservarla… y vuelta a empezar….

Este chico tan estupendo que has elegido, es otra persona, con otros intereses, otra perspectiva, otra historia vital, aunque DEBES conocerlo a fondo para darle aquello que pueda desear antes incluso que llegue a imaginarlo.

Así, buscamos en nuestro repertorio a la aventurera para encajar con sus amigos, a la modosita para gustarle a su madre, a la sofisticada para que te presente a sus jefes, a la mujercita de tu casa para vivir juntos, y convertimos en nuestra MISION.

A continuación tu OBJETIVO es no dejar que la rutina arruine la relación, mostrar interés por sus progresos/problemas, resultarle atractiva y estimulante y apoyarlo en la consecución de sus éxitos. Incluso sientes pudor de que los tuyos puedan eclipsarlo. Volviendo a ampliar la parcela del autoolvido con tus propios sueños.

Una oleada de satisfacción te embarga de nuevo y saboreas por un momento la sensación de que lo has conseguido, que eres la mujer completa que soñabas en tu infancia.

Pero llega tu suegra y te reclama: “ A que vais a esperar para darme nietos?” Otra vez te falta algo…..

Anda! Es verdad! , los hijos, tan graciosos, huelen tan bien, son un proyecto de vida en tus manos, una experiencia vital que te engrandece, que completa esa foto ideal que vemos en los anuncios de champú…

Y claro está, sucumbes. Las hormonas y el reloj biológico también ponen de su parte y solo ves carritos y embarazadas por la calle y tu mente vuelve a susurrarte insidiosa: “¿podrías? ¿Serás capaz?

Llegan los hijos con sus demandas cada tres horas, con sus llantos, con sus pañales, con tus insomnios, tus cicatrices, tu agotamiento y con una sonrisa se te borra todo amago de queja. Están aquí, dependen de ti y en tus entrañas todo se remueve cuando los oyes llorar, brota de lo más profundo una fuerza sobrenatural que te lleva a realizar proezas insospechadas, te vuelves paciente, sabia, resolutiva, creativa, ganando una perspectiva desconocida que ahora te pone en el bando de tu madre, por la que ya solo puedes sentir respeto y gratitud infinita.

Hasta que un día, te paran por la calle y una jovencita con una encuesta en la mano te pregunta inocente:

“Señora, que hace en su tiempo libre?

“Mi que?”

Si, que hace para pasarlo bien?

Y tu, con una congoja que te hiela la sangre en las venas, la miras y le abres una ventana a otra dimensión:

“Soy mujer, no tengo tiempo libre, para pasarlo bien hago lo que desean los demás.”

Cuando te oyes pronunciar esas palabas, reconoces las miles de pequeñas renuncias, diarias, cotidianas y aparentemente insignificantes que desembocan en el mar de autoolvido en el que la insatisfacción es el sabor de cada mañana.

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